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Superiora

El concepto de autoridad es primordial en la vida de los pueblos y de las instituciones.

Sin una cabeza que guíe, no puede haber conglomerado ni asociación que luego no se conviertan en un desorde­nado entrechocar de intereses.

La autoridad evita el mal y fomenta el bien, e imponiendo una armonía fraternal entre los miembros que ata, los lleva unidos al éxito.

Por eso, para ser jefe, se necesitan dotes especiales, preparación suficiente, carácter de organización, aptitudes de mando.

En los pueblos, la misión esencial del poder público es percibir y salvaguardar la trascendencia del bien común y como, según lo pedía Pascal, es indispensable que lo que es justo sea fuerte, la autoridad en la vida de los pueblos, va unida al concepto de poderío, de fuerza, de dominio.

Cosa muy distinta sucede en la organización de una casa de religiosas, si bien el concepto de autoridad en quien la representa, conserva su misma significación.

Pero a diferencia de lo que acontece en los pueblos, la superiora de un convento, debe promover un florecimiento más alto, el florecimiento de la santidad entre sus gobernadas.

El bien común en su acepción material, es apenas preocupación secundaria de la superiora, que entiende que los bienes del cuerpo deben seguir a los bienes del alma.

Cuida, es cierto, la comodidad, salud, bienestar de sus súbditas, pero antepone a esto lo que Se refiere a su vida espiritual.

En este aspecto, despliega una labor grandiosa.

La superiora entiende su papel, como tal, en una semejanza encantadora con la madre de la tierra que cuida y se preocupa por todas y cada uno de sus hijos.

Y como la madre humana que sabe leer en el fondo de la conciencia de sus hijos, la superiora, tiene para cada caso, la palabra de aliento en la lucha contra las tentacio­nes, el empuje amoroso para seguir el camino de perfección, la amonestación cariñosa y discreta a quien la necesita, el afecto sincero y sobrenaturalizado a quien se le debe dar.

La superiora, en una palabra, es autoridad, pero autoridad entrañable y maternal, que vigila con exquisita delicadeza la vida de una institución, pero que al mismo tiem­po, va promoviendo su adelanto hacia niveles más altos en lo que respecta a la santidad de sus componentes.

La Madre María de San José, fue destinada por Dios para guiar, para dirigir, para ocupar puestos de mando. Tal cosa se deduce al contar los años en que, dentro de su vida religiosa, ocupó cargos destacados. Casi la mitad de su vida de religiosa, estuvo al frente de alguno de los diferentes puestos que existen dentro de la organización de la Orden de Adoratrices.

A Culiacán fue solicitada para ocupar precisamente el cargo de Maestra de Novicias. A esto, quien conocía su avanzada santidad y las dotes especiales para el caso, la felicitaba asegurándole el éxito de sus actividades. Nos referimos al Excmo. Sr. Corona quien en carta del 27 de di­ciembre de 1944, le decía:… “Me alegro muchísimo de que N. S. te haya llamado a ser ‘Maestra de Novicias’ y Vicaria, pues sé que harás mucho bien a esas almitas que N. S. te dé, y sobre todo, las enseñarás a amar al dulcísimo Jesús como tú le amas”.

La Madre María de San José en sus Bodas de Plata de Religiosa, celebrados el 21 de Enero de 1946

Pronto pudo darse cuenta la comunidad de todas estas cosas, y así dos años más adelante, era elegida Superiora de aquella casa. A partir de este acontecimiento la vida de nuestra biografiada se sublima cada día en el acercamiento más íntimo a Jesús, por medio de su ejercicio como superiora, cargo que desempeñó en forma realmente edificante.

He aquí algunas de sus anotaciones espirituales al respecto.

15 DE NOVIEMBRE DE 194ó.- Oh Jesús, Tú has permitido que se me dé hoy el cargo de superiora de esta casita… Gozo en el dolor, pero qué anonadamiento siento. Sin más, mi Excmo. Prelado ha sancionado tu querer y aquí me tienes. Soy tuya. Haré lo que Tú quieras. Siento entusiasmo por lo que me dijo el Excmo. Sr. en tu nombre; “Sólo una cosa quiere Jesús: que se santifique y ayude a este grupo que le confía”. Te me doy, Jesús. te me doy, María. Te me doy, mi Padre Sr. Sn. José. Hacedlo vosotros todo.

19 DE NOVIEMBRE DE 1946.-Hoy me manifiestas, Jesús tu agrado de mi aceptación; me envías a mi Pastor. Recibo carta de X y de Sacramen­to. Gracias, Jesús; que yo te sea un dócil instrumento para tus fines. Hoy me he sacrificado por las almas a mí confiadas; más dulce y trabajaré por ser más suave. (No, perdón).

21 DE NOVIEMBRE DE 1946.-Algo todavía sin orden pero con al­go más de luz para seguir luchando. Hoy vi entusiasmo en todas por la perfección. Ayúdame Jesús. Hazlo todo; yo te prometo no negarte nada.

29 DE NOVIEMBRE DE 1946.-Hoy presencia de Dios en mí. El todo para mí y yo toda para El. Propuse en capítulo, por primera vez como su­periora, a la joven Enriqueta Angulo. Jesús, si la quieres para tí, tómala; si la acepta la comunidad, haced de ella un alma que corresponda y per­severe. Ayudadme, Jesús.

3 DE DICIEMBRE DE 1946.-Un triste desengaño con Sor X. Temo por su vocación, está violenta, parece nerviosa; me llevé chasco pensando lo contrarío de ella. Propongo ayudarle. Se queja de que nunca me da gus­to. No volveré a reprenderla. La dejaré a una vísta, haciendo que más bíen la corrija otra. Yo pediré por ella. Qué triste ver que el día 12 saldrá del Noviciado, y en estas disposiciones, yo haré algo por ella, procurando que esto me sirva de acicate; me humillaré, pues mientras creí que algo había hecho por ella, resulta que se queja de mí. Fial. Jesús. Te la confío por entero.

Cuanto hemos apuntado hasta ahora, nos hará ver con elocuencia la significación y peso del cargo que la Madre María de San José recibía sobre sus hombros, al mismo tiempo que no podrá menos que edificamos el espíritu verdaderamente sobrenatural con que recibe y ve las cosa, en­tregándole todo a Jesús.

Esa comunicación íntima con Cristo, fue el secreto del éxito en todas sus empresas. Si difícil y llena de escollos era su trascendente misión, ella supo convertirla en fuente de bienes para su alma, en un estímulo para unirse más a Jesús, y en acopio de enseñanzas y ejemplos para las almas puestas a su cuidado.

La elección recaída sobre ella, alcanzaba a tres años, y al siguiente, 1945, había de celebrar sus bodas de plata como religiosa en medio del júbilo de toda la comunidad. Pero esto merece capítulo por separado.

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One comment

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