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Propagación en México

Antes de que la persecución religiosa propiamente taL se desencadenara en nuestra patria, se había abierto la pri­mera casa de la Adoración en México el 25 de julio de 1879, por la Madre Concepción del Santísimo Sacramento. Inicial­mente esta casa anduvo por diferentes lugares, en donde la caridad de familias generosas y aún de órdenes ya establecidas, le daban albergue, hasta que se estableció definitivamente en la Villa de Guadalupe, en el ex Convento de Capuchinas, casa contigua y comunicada interiormente a la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe.

La segunda fundación se llevó a cabo en León, Gto., en Enero de 1902.

El 29 de Septiembre de 1903, y a solicitud del Excmo. y Rvmo. Señor Arzobispo don José de Jesús Ortiz,  se fundó la tercera casa en Guadalajara, habiendo quedado al frente de ella la Rvda. Madre María Gertrudis del Sagra­do Corazón.

A partir de esa fecha, Guadalajara fue el semillero de numerosas vocaciones habiendo intervenido en forma directa en la fundación de otras muchas casas tanto en el Estado de Jalisco, como fuera de él.

Siguieron desde luego, la fundación de Lagos en 1904; luego la de Ejutla se agregó a la Santa Orden en 1908.

En orden cronológico, mencionaremos la de Autlán, un Segundo Monasterio en Guadalajara, luego la de El Gru­llo la de Tuxcacuesco, y la de Villa de Purificación.

Por lo que se refiere a aquellas fundaciones hechas por religiosas de Casas del Estado de Jalisco, baste nombrar la de Culiacán y la de Chihuahua, debidas al celo de la Ma­dre María de la Luz de Jesús Sacramentado, Superiora de la Comunidad de El Grullo, la fundación de El Paso, Texas, por la Madre Gertrudis del primer Monasterio de Guadalajara, la de San Diego, California, prolongación de la de El Paso, que luego tuvo que trasladarse a San Francisco, California, y por fin la de Tuxpan, Veracruz, fundación pro­cedente del Segundo Monasterio de Guadalajara.

Pero lo más extraordinario de todas estas fundaciones es el hecho de que en su mayoría fueron llevadas a cabo en el tiempo cruento de la persecución religiosa. Si la Orden había nacido en medio de la tormenta que el orgullo napoeónico desencadenó sobre la Iglesia, al ocupar los Estados Pontificios y encarcelar al mismo Vicario de Cristo, su propagación en nuestra patria, no habría de ser más afortuna­da, alcanzando por el sufrimiento de sus miembros, las con­tinuas zozobras, despojos e inhumanos atropellos, la lozanía floreciente de la Orden que ahora estamos viviendo.

¡Siempre la sangre de los mártires será precio de fe­cundidad, siempre el dolor será signo del amor!

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  1. […] Propagación en México […]



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