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Oblación del amor

Cuanto hayan sufrido en este tiempo las religiosas de la naciente Orden, nos da idea la siguiente narración incluida en España y la Adoración Perpetua, editada en Barcelona el año de 1945; se refiere a los atropellos de que fueron víc­timas las Madres de Ejutla, Jal.

Era el 27 de Octubre de 1927. El edificio se ve inva­dido por los emisarios de Calles. Todo lo llenan de terror y espanto. Los soldados al mando de su general, se apo­deran del convento, lo roban;y destrozan. La venerada Ma­dre María de los Remedios, enferma de gravedad a la sazón, contempla la destrucción de la Casa del Señor en los umbrales de la eternidad. ¡Qué pena para su corazón materno…!

Dos de las Madres que habían quedado junto a 1a superiora moribunda, intentaron salvar al Santísimo Sacra­mento llevándolo consigo fuera de la población. Sin ser mo­lestadas llegaron a 1a última casita cuando ya oscurecía. Pe­ro ¡ay! los soldados del retén puestos ahí trataron de regis­trarlas, y luego que descubrieron los vasos sagrados se lan­zaron sobre ellas para arrebatárselos. La que llevaba e1 co­pón, depositó en su chal las hostias sagradas y entregó el vaso a un soldado. Al ver esto la otra religiosa, se arrodilló y temiendo un sacrilegio dijo a los soldados: “¡Es el Dios que os ha de juzgar! ¡Viva Cristo Rey!”. Aquellos hombres se pusieron furiosos y la golpearon en la cara, luego echaron una soga al cuello de la que había convertido su chal en relicario, y la amenazaron con un puñal.

“Matadnos! -exclamaron las dos religiosas-; no tememos a la muerte”. Y esto diciendo se apresuraban a consumir las consagradas formas; pero varias de éstas cayeron al suelo entre los movimientos de lucha tan desigual.

El sacrilegio estaba consumado por parte, de los soldados; luego éstos establecieron entre sí rabioso altercado por­que cada uno quería para sí alguno de los cálices u objetos de valor de la Iglesia.

Un soldado intervino para que dejaran libres a las re­ligiosas, y éstas entonces huyeron.

En el convento, convertido ya en cuartel general, quedaban sólo algunas religiosas ancianas y la pobre madre moribunda y sus enfermeras. Se creía que al moverla moriría. El mismo médico de la tropa al verla dijo que no la sacaran.

La mañana del 28 de Octubre de 1927, hacia las ocho, las enfermeras resolvieron sacar del convento a la Madre Su­periora. La pusieron en un colchón, y así la llevaban seis re­ligiosas cuando los soldados se dieron cuenta, y a golpes de máussers las hicieron soltar su dulce carga cayendo al suelo la paciente enferma.

Unos vecinos intervinieron llevándola a la casita más cercana. A las diez entraba ya en la agonía, después que los mismos vecinos habían ya sacado del convento a las de­más ancianitas…

La enferma carecía de medicinas y aún de la ropa indispensable. Así duró agonizando hasta el primero de Noviembre fiesta de los Santos: A la una y minutos Nuestro Señor le dijo a aquella alma: “¡Ven”!

Le vistieron su santo hábito con el escapulario, rojo como la sangre de los mártires, se le colocó el tocado debidamente, y a sus pies la corona de mirto.

Sólo diez religiosas acompañaron el cadáver. Su retorno era semejante al de la Virgen volviendo del Calvario: en un día habían visto a Nuestro Señor Sacramentado echado por el suelo, a su Capellán martirizado, el Convento saqueado, la Comunidad dispersada, la Superiora muerta… ¡Dios sea Bendito!

Hasta aquí la relación de las Madres, que no puede menos que hacemos hervir la sangre, de indignación ante los atentados salvajes de aquella turba de bestias asquerosas, tanto más repugnantes, cuanto mayor se considera su vi1lanía al cebar sus instintos persecutorios en contra de unas inofensivas e indefensas mujeres.

Y con todo, qué cosa más hermosa para una Adoradora del Santísimo Sacramento, que exponerse a toda clase de sufrimientos y aún de la muerte por defender el tesoro de la Eucaristía, ante quien han hecho la oblación de su vida por los pecados del mundo…!  El amor de los, amores que se nos ofreció en holocausto de amor, no merece cosa menos valiosa para nosotros que la entrega total de todo nuestro ser.

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One comment

  1. […] Oblación del amor […]



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