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Frente al Gran Viaje

Debemos terminar. Las limitaciones de esta obra no nos dejan continuar estas exploraciones por la belleza del al­ma de la Madre María de San José. Es preciso llegar ya al desenlace final.

En los últimos años de la Madre, hay una clarividencia excepcional respecto a su muerte, que no puede menos que llenarnos de asombro. A casi un año de distancia de la fecha de su fallecimiento, comienza a hablar de ella, a bendecida, a esperarla como el momento más grande en que podrá darse de lleno a su Amado, sin los estorbos de la na­turaleza.

Y con una puntualidad y esmero edificantes, comienza a prepararse a su muerte, reavivando su amor divino, ha­ciendo un recuento de sus virtudes y de sus defectos, como quien va a entregarse ya, en la entrega definitiva de toda una eternidad.

Vamos a ofrecer sus anotaciones espirituales con que esperó la muerte, comenzando con tres meses de anticipación a la fecha final. Estas anotaciones se interrumpen ape­nas unas cuantas horas antes de su larga y dulce agonía. Creemos que esto es lo más valioso, lo más sincero, lo de más significación para conocer el espíritu de la Madre.

Murió a consecuencia de una angina de pecho, opera­da la cual, parece que a últimas fechas se complicó de tal modo que ya no fue posible curación alguna; Con esto que­remos decir que no hubo enfermedad propiamente tal, o la gravedad sensible de aquellos casos en los cuales a los ojos de todos aparece que ya no hay humanamente esperanza de salud; de tal modo fue esto así, que nadie en su comunidad creía en un desenlace tan inmediato; sólo la Madre persistió en su empeño de preparar debidamente su equipaje para el Gran Viaje.

Vengamos ya por sus anotaciones pre-mortuorias, no sin antes aclarar debidamente lo siguiente: como habrá de verse, la obsesión de pureza y santidad de la Madre, eran tan extremadas que hubo de obtener permiso del mismo Excmo. Sr. Obispo para ser oída en confesión cada día por diferente sacerdote.

Puede ser que esto, aparezca como un recurso menos aconsejable que puede ser principio de escrúpulos, no será así, si como en el caso de la Madre se toma en cuenta la exquisita delicadeza de conciencia que la acompañó toda su vida. Ser escrupulosos, es, en todo caso, propio de espíritus inteligentes, nunca de almas torpes.

Es más, podemos permitir que se juzgue a la Madre un tanto escrupulosa, antes que considerarla de conciencia fácil o ancha; la pureza extrema, la limpieza exagerada, el amor más puro, sin mezcla de otra cosa, fueron siempre sus normas de conducta; además, en todos los casos fue siem­pre dócil y sumisa a las indicaciones de su confesor y Di­rector Espiritual.

Puesto esto por delante vayamos luego por esos valio­sísimos escritos.

Mi Preparación a la Muerte:

JUEVES 18 DE ABRIL DE 1952.- Después de haber obtenido licencia de nuestro Excmo. Padre, Sr. Obispo Lino Aguirre García, para purificar mi al­ma siempre que sintiendo necesidad espiritual pueda hacerlo en el Sacramento de la Penitencia, con cualquiera de los sacerdotes, para estar prepa­rada al llamado del Esposo Divino de mi alma, di principio hoy.

Padre X.- Cuántos temores! ¡Cuántas lágrimas vertidas a causa de mis inquietudes actuales: contradicciones… disgustos… violencias… Tú lo sabes, Jesús. Expuesto todo con franqueza y libertad de espíritu, se me acon­sejó.

Deje todo, no se vuelva a acordar, no es nada, y si como debe ser, obedece al Confesor, no vuelva a hacer mención de cosas como las que ha dicho, ni siquiera tiene obligación de acusarse, esto llegaría a escrúpulo; le mando pues, no se inquiete por casos semejantes. Bueno está que quiera pre­pararse o vivir preparado, pero huya de todo lo que pueda inquietarla; viva llena de gozo esperando al Señor y jamás dé cabida a la tristeza. Para estar segura de que no hay materia de absolución en sus acciones, busque las in­tenciones con que fueron ejecutadas, y si no hay motivo, no viva intranquila, ¡goce de su Jesús! y si acaso El permite que muera sin la inmediata absolu­ción, la misma privación de lo que tanto desea, aparte de la absolución cons­tante de los medios de que disponemos para que se nos perdonen los peca­dos veniales, cuyo uso en usted debe ser constante, (indulgencias).

No obstante, sí es muy bueno quiera estar preparada; la ayudaré cuanto esté de mi parte, por eso le aconsejo la tranquilidad de su conciencia le sugiero además, se atienda; hágalo por obediencia; cuídese; vea las pres­cripciones del médico, como de Dios mismo.

Fruto: mucho luz… mucha alegría y la restitución completa de la tranquilidad de mi espíritu que no tenía, o sentía estar turbada. La peniten­cia, fueron tres salves. Cumplida. – Gracias, Jesús… !

Padre Z.- Confesor de la Comunidad. – Hice cuanto de mí depende para que mis confesiones sean como la última de mi vida.

Me permitió decir algunas faltas o pecados de la vida pasada, deján­dome muy tranquila pues me puso en los brazos de la Divina Providencia.

Dice que si me llego a sentir grave, y dado el caso de que perdiera la mente o el habla, no me inquiete, que permanezca en mi disposición con­tinua de estar preparada a la muerte.

De pronto me costó aceptar así la muerte, pero recordé que diario ha­go mi aceptación en donde se incluye ya esta manifestación, así que sola­mente desde hoy la pronunciaré con más intensidad y voluntad. Desde este momento, la muerte, en cualquier forma que se presente, será para mí ganancía, pues es la clase que mi dueño escogió para mí. Fiat, Jesús.

Ah, Jesús mío, ahora comprendo cuál preparación urge para mi muer­te, sea largo o corto el tiempo que tenga que esperar; aceptación voluntaria en cada uno de los acontecimientos que forman mi existencia con la misma perfección con que deseo aceptar mi último momento! ¡Sí, Jesús, y ponerme inmediatamente en contacto con El, arrojarme en sus brazos por este medio, esta debe ser mi constante actitud, es decir: preparar y ejecutar cada acción como la última de mi vida; tanto interna como externa. ¡Ayúdame, Jesús!

He reflexionado que como preparación para mi muerte, debo concen­trar en mi alma una sola idea céntrica… consistente en educar, e inclinar, mi voluntad a toda hora y tiempo a la de Dios, hasta fundirla en Ella sola.

Día 17 de Abril

Hice, mediando Dios, muy sincera confesión con el Padré Y…Con mano maestra señala el camino; una ancilita que espera las órdenes de su Dueño, como a El fe plazca, cuando a El y del modo que a El …. , ir desprendiendo lo que quedare aún prendido … no esperar en criatura algu­na sobre la tierra… fijar mi mirada sólo en Dios. Vivir para El.

Respecto de mis faltas… me tranquilice, no hay pecado voluntario, son imperfecciones inherente al viaje… al camino, al oficio, sencillamente, debo, sin fatiga, santificar y aprovechar el momento presente; que no me inquiete porque mortifiqué reprendiendo, pues eso tiene que ser así. Recti­ficar mi intención y ya.

Quedé en paz.

Día 25 de abril

Una sola cosa es necesaria, que haga yo su Santísima Voluntad, que en todo lo descubra a El, que siempre esté dispuesta a decirle: “habla, Se­ñor que tu sierva escucha”, lo demás… ¿cómo me va a impresionar o a interesar si no es Voluntad de Dios? Mi idea céntrica debe vivir: es decir, mi voluntad siempre inclinada a unirse con la tuya, Dios mío. Siempre mis horas de Santa Adoración son acercamiento a Jesús… Son horas de cielo, de amor! Sólo trato ahí de amar y de unificar mi voluntad a la suya.

Avisaré al Padre… siempre que no haya novedad ni material ní espiritual para que él tenga mi alma en sus manos en un caso imprevisto. Tener vigilancia en todas mis acciones.

Cuando advierta algo, sobre todo a las mayores, tenga presente el pensamiento de la muerte y no me exceda, ejercitándome con la más pro­funda humildad.

Hoy hablé casi con desahogo; me di libertad… mas lo creí nece­sario. .. Perdón, Jesús, y ayúdame, pues al darme cuenta de actos injustos de X, mi naturaleza se resiste… , no quiero, Dulce Maestro, sino lo que vos queraís para mí, y sí queréis, que por este medio reconozca mí falta de hu­mildad, sea así; quiero verlo todo, desprendiéndose de aquel punto céntrico de donde debe mirar todo, la Santa Voluntad de Dios.

Por descuidos míos, falta de vigilancia, mi naturaleza se resistió a abrazar sin queja la santa voluntad de Dios… y tuvo desahogos en quien no debía… Al reflexionarlo: ¡qué pena!

Hoy mismo, 4ª. confesión. – Siempre bueno Jesús, no sólo me per­donó, sino que consolándome el Padre, me aseguró que son movimientos INVOLUNTARIOS de la naturaleza; que para dominar sus reclamos, me valga la continua conversación con Dios. Que le hable frecuentemente olvidando todo lo demás.

El fruto de esta confesión, mucho dolor, arrepentimiento y conocimiento propio.- Padre Y.

¡Todo por ti, Jesús!

1º. De Mayo de1952. Confesión Padre Z

Esta confesión tuvo un carácter menos apegado al programo propuesto; descendí a lo que se relaciona con los tres Votos, aunque someramente… pero quedo con la seguridad de estar perdonada nuevamente. Quedó el Padre de volver el miércoles.

Dame tu luz, Señor y horror al pecado.

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One comment

  1. […] Frente al Gran Viaje […]



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