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En Culiacán

Antes de hablar de los motivos que intervinieron en el cambio de la Madre Ma. de San José a la Comunidad de Culiacán, es conveniente ofrecer una ligera reseña de la fundación de esta casa. Para ello nos valdremos de los datos que completan la biografía de la Madre María Magdalena de la Encarnación que tradujo el P. Carlos H. de la Peña, así como de lo que sobre esta casa se apunta en la biografía de la propia fundadora, Ma. de la Luz de Jesús Sacramentado.

Fueron seis las veces que las Superioras de la Comunidad de Adoratrices de Ejut1a, Jal., trataron de reunir en un lugar seguro al grupo de religiosas bárbaramente expulsadas de su convento en tiempo de la persecución. Después de ha­ber acomodado poco a poco casi a todas las religiosas fugiti­vas en diferentes casas de la misma orden, se intentó por último, establecer un grupo de ellas en la ciudad de Culiacán.

Fungía como superiora de este grupo la Madre María de la Luz Rosas, que hemos mencionado, quien tímidamente, (pues acababa de recibir la negativa del Obispo de Túcson a su demanda de albergue) se dirigió al Excmo. Sr. Obispo Dr. D. Agustín Aguirre Ramos. Este bondadoso Prelado acogió con tal benevolencia su petición que, al mismo tiempo que declaraba que Dios le enviaba lo que tanto había de­seado: una Orden contemplativa que fuera el pararrayo de su diócesis por la que vivía tan temeroso, les abría sus brazos paternales ofreciéndoles casa, muebles, ropa, alimentos

señalando además, de sus economías, una cantidad mensual para el sostenimiento de la nueva comunidad en su diócesis de Sinaloa.

Después, para asegurar la permanencia de las adoratrices en aquella capital, el Excmo. Sr. Aguirre les propuso un establecimiento que se había legado a la Iglesia para hospital, y así, las RR. MM. aparecieron ante el público en calidad de enfermeras como recurso de prudencia, dadas las hostilidades de que en aquella época eran objeto.

Es admirable todo lo que Jesús Sacramentado hizo con aquel reducido grupo que, aunque se dedicaban a otras actividades, jamás interrumpió la vida propia de la religiosa adoratriz. Gracias al celo de la Madre María de la Luz, la santa adoración se tuvo día y noche con admirable empeño y fervor por parte de las religiosas.

Desde el año de 1931 hasta 1939, la Comunidad ya en aumento, con nuevas vocaciones, se dedicó a las actividades propias de la caridad para cuyo fin fue establecida, sin dejar de ayudarse con pequeños trabajos manuales, como manufactura de hostias y labrado de cera que formó desde entonces el pequeño fondo que aseguraría su subsistencia.

Con todo, las madres anhelaban fervientemente poder dispensarse de la vida activa a que se veían sometidas por necesidad y justicia, para ocuparse cumplidamente en los oficios de su seráfica vocación.

Sus ruegos fueron oídos, y el 19 de abril de 1939, dejaron el hospital en manos de religiosas consagradas a este objeto, y reunidas en pequeña habitación preparada al efec­to se continuó la sagrada adoración que si hasta entonces habíase observado interrumpidamente, a partir de esa fecha pu­do practicarse con mayor esmero.

Estaba tan agradado Jesús Sacramentado de su Trono, que quiso dar el placer a aquella pequeña comunidad, en aumento cada día, de que erigiese los nuevos centros de El Grullo y Tuxcacuesco, Ja!. Estas fundaciones, como es lógi­co, trajeron el debilitamiento de la Comunidad que, careciendo de noviciado, tuvo que acudir a la generosidad de las comunidades hermanas que proporcionaron una religiosa. con lo que pudo abrirse de nuevo el Noviciado.

La Rvda. Madre Ma. Inés del Cordero de Dios, elegida para Superiora después de la separación de las dos casas, con su característica humildad y sencillez, supo conducir sabia y suavemente aquel rebañito durante los años de 1943 a 1946. En este período pasó la Madre. Servin de la Comunidad de Autlán a la de Culiacán.

He aquí, al respecto, la relación que nos ofrece la Ma­dre María de los Angeles Cobián, actual superiora de esta Casa …

“Pedí una Madre para Maestra de Novicias a la Casa de Autlán, de donde se nos mandó la lista de las madres que podían desempeñar este oficio; la última de la lista: María de San José.

“Al leer la ‘lista todas las madres del Consejo, unánime­mente y como si estuviéramos de acuerdo, y aún sin conocerla, fijamos en ella nuestra voluntad.

“Pero Dios misericordioso a quien pedíamos una Madre según su Corazón, que fuera el piloto que guiara esta bar­quita combatida y desorientada. (por la escasez de personal y por las dos reciente fundaciones salidas) escuchó nuestros ruegos.’ El amoroso Jesús nos concedía una Madre llena de cualidades, virtuosa y con muy especiales dotes de gobierno.

“A su llegada, comprendió que la situación de nuestra Casa era seria. Con verdadero tino y prudencia, ordenó pau­latinamente la Comunidad hacia Dios, pudiendo, después de muchas pruebas y oración, palparse los frutos que el Señor dio a esta casa por aquella alma generosa. Vocaciones, cre­cimiento espiritual, cumplimiento exacto, en cuanto es posible, de nuestra Regla, así como de su espíritu, fueron otras tantas preocupaciones de nuestra Madre al llegar aquí. Ella misma, a pesar de su naturaleza débil y de sus muy serias enfermedades, marchó a la cabeza de todas, sirviéndonos de estímulo en el grande Amor a Jesús Sacramentado y en el espíritu de observancia que la caracterizaron.

“Delicadísima era en agradecer la más pequeña manifestación de afecto, o la ayuda material y dádivas que se recibían para el sostenimiento de la comunidad, a la cual encontró muy comprometida económicamente. Ante esta situación, aquella alma grande puso la Comunidad en brazos de la Providencia Divina. Administró prudentemente el aspecto material de la casa, en muy poco tiempo cubrió todos los compromisos, saldó deudas, mejoró y logró ampliar la casa, con el ánimo de fundar la Adoración de Seglares que fue siempre su más hermoso ideal, el que no dejó apagar ni por las contradicciones dolorosas que tuvo, yéndose al cielo con la bella ilusión que diversas circunstancias no le dejaron rea­lizar.

“Y a pesar de que a su llegada en 1944, el número de religiosas era apenas de 9, a la fecha de su muerte, ocho años después, el número llegaba a 22.

“De 1944 a 1945, fue Maestra y Vicaria, y a partir del 15 de noviembre de 1946, electa por unanimidad, Superiora y Maestra de Novicias.”

Hasta aquí, la admirable síntesis con que la Madre Ma­ría de los Angeles Cobián, condensa la vida edificante de la Madre de San José. Nosotros ahora, con la idea de conjun­to que tenemos ya de su permanencia y actividades en esta última época de su vida, podremos en capítulos subsecuentes, adentrarnos en su alma a través de los escritos que de ella se conservan.

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One comment

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