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En Autlán

Las anotaciones espirituales de la Madre María de San José que hemos dejado atrás, nos han dado la trayectoria de su resolución de cambiar de casa, en parte por motivos de salud, y en parte también, -esto apenas se insinúa- a causa de las dificultades que tuvo que soportar en esta casa de Guadalajara.

La resolución va tomando forma paso a paso y bajo la dirección entrañablemente paternal de su director espiritual. Primero se habló de regresar por algún tiempo al hogar paterno; a la madre le dolía en extremo pensar que dejaría aquella vida de recogimiento y observancia, que por más que quisiera no podría llevar cumplidamente en el mundo.

Entonces viene el recurso de otra casa que la Madre somete a la aprobación de su director, quien no puede menos que llamarlo “cosa de Dios”, De este modo, encontramos las últimas líneas :de esta etapa de su vida, henchidas de una ternura dolorosa ante la separación del primer hogar, La despedida de su padre espiritual, rezuma el agrio íntimo de un afecto sobrenatural arrancado por la fuerza; pero sella su despedida con el “fiat” de la entrega total, del renunciamiento completo, de la oferta generosa de todo en aras del amor divino.

No queremos dejar de hacer notar un detalle que quizá tiene una enorme significación por lo que se refiere a la situación hostil que la madre soportaba en el Segundo Monasterio tapatío. Según sus anotaciones que hemos transcrito, su viaje a Autlán debió efectuarse el día 18 de diciembre de 1939. Sólo así se explica que el día 17 escriba en su diario:

“Víspera de mi viaje a Autlán. Bendición especial. Ternura de Padre alentándome.”

A pesar de esto, en e! archivo del Segundo Monasterio mencionado, se da como fecha en que la Madre “pasó de es­ta Comunidad a la de Ejutla establecida en Autlán, el 21 de octubre de 1939”.

¿Por qué esta discordancia de fechas? Hay dos meses de diferencia entre la que anota la protagonista de esta his­toria, y la que se conserva en los libros del convento. ¿Podrá pensarse acaso que el dolor de la separación trastornó de tal modo el cerebro de la Madre que no supo si octubre o di­ciembre eran una misma cosa? esto además de ser pueril, se­ría injurioso.

¿Entonces puede tal vez decirse que la Madre encarga­da de llevar el registro de todos los acontecimientos desta­cados en la vida de una comunidad, obró con ligereza lamen­table hasta confundir y revolver la verdadera fecha de la sa­lida de la Madre de San José? Si esto hubiere sucedido así, diría muy mal en favor de la formalidad, responsabilidad y organización de esa casa; por lo demás, se supone que todas esas anotaciones se hacen a raíz del hecho, y no después de cuatro años, cuando por la sola memoria no se podrían pre­cisar las fechas con exactitud.

Queda solamente una dolorosa explicación: La Comu­nidad que tanto había hecho sufrir a nuestra biografiada, que opuso tenaz oposición a cuanto pretendió hacer durante su período como Superiora, y que en todo momento trató de molestarla en forma abiertamente hostil, hasta hacerla que­jarse con su director de ser ella “causa de contradicción”, signo de discordia, el Jonás de la casa…. en el ánimo de esta comunidad, decimos, estaba el -deshacerse cuanto antes de la Madre de San José. Y como su resolución tardó un poco, mientras que me­recía la aprobación de su director que a su vez quería refle­xionar y madurar debidamente la conveniencia del proyecto, y sobre todo, mientras se verificaban los trámites necesarios

con la superiora de AutIán, fue pasando el tiempo, que por lo que se deja ver, parecía demasiado largo para las de Guadalajara. Tal vez alguna noticia al respecto, la contestación de la casa de AutIán, o el haber manifestado la Madre de San José contar con la aprobación de su Director espiritual para su separación, hizo a aquellas monjas precipitar las cosas, y anotar con una exigencia que no las honra mucho por cierto, la fecha de su salida.

Por lo que respecta a la comunidad de Autlán que generosamente acogió a nuestra biografiada, caben aquí algunas noticias acerca de su historia.

Tanto las fundaciones de El Grullo como la de AutIán, son derivaciones de la Casa de EjutIa. La de El Grullo se debió al celo de la Madre Ma. de la Luz de Jesús Sacramentado, propagadora insigne de la Orden de Adoratrices en toda la República. Esta casa fué fundada el año de 1940, gracias a la munificencia y mecenazgo del Sr. Francisco Rosas. En su organización y consolidación tuvo mucho que ver la Madre de San José.

La de AutIán nació al fragor de la persecución cristera, sólo como refugio a donde fueron a recogerse las Madres de Ejutla, buscadas furiosamente por los enemigos de la Iglesia. A partir de esta fecha, la casa de EjutIa fue verdadero semillero que desparramó por todas partes nuevas instituciones de adoradoras.

A una de estas comunidades provenientes de Ejutla, establecida en AutIán, llegó la Madre de San José. Si  humanamente consideramos su llegada a esta nueva casa, podemos creer que después de todo lo que sufrió, y de la recomendación seguramente no muy favorable que se hizo de ella, se haya sentido cohibida, como quien desechado de un lugar, va a pedir el favor del albergue a otro.

Pero si tomamos en cuenta el espíritu sobrenatural de la Madre entrevisto ya a lo largo de sus escritos, podemos pensar en la actitud resignada de su alma a todo lo que de ella quería y le pedía Cristo, y así, lo que podía ser  causa de humillación, ella debió de convertirlo en virtud, en moti­vo de gozosa complacencia a la voluntad divina.

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One comment

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