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Anotaciones Espirituales

De los escritos de la Madre de San José a partir del año de 1934, podemos clasificar aquellos que se refieren a entrevistas y direcciones de su confesor y director, o bien, a sus personales consideraciones sobre los temas expuestos duran­te los retiros mensuales o los ejercicios espirituales que prac­ticó cada año.

Sería imposible transcribir aquí todo lo que a partir de la fecha mencionada se conserva. Por lo demás, muchas co­sas no son sino la reafirmación de sus ideales de santidad que hemos consignado ya en el capítulo anterior. Por estas razones, espigaremos aquí algunos de sus más notables pensamientos pertenecientes a lo que llamaríamos primera épo­ca de su vida religiosa, o sea, el tiempo que permaneció en el Segundo Monasterio de Guadalajara.

Ejercicios Espirituales 1934

Antes morir que ofender a Dios con un pecado mortal. Quiero, esco­jo y pido para mí, oprobios, deshonra, humillación, dolor y menosprecio y ol­vido de todos tan sólo por imitar a mi divino modelo, Cristo Jesús, y por más parecérmele.

Mis propósitos:

l.-VIVIR VIDA INTENSA DE ADORACION ayudada de mi voto de perfección, el cual me obliga a perfeccionar la acción presente haciéndola ca­da vez mejor que la anterior.

2.-PROTEGER MUCHO MI VIDA INTERIOR por medio de un trato asi­duo con Jesucristo y mi Santísima Madre, y también procurando prolongar mi meditación, consagrándole más tiempo para lograr que mi vida sea una no interrumpida contemplación o posesión de Cristo.

3.-MORIR A MI MISMA PARA DEJAR VIVIR A CRISTO EN MI ALMA, por medio del renunciamiento de la naturaleza en todos sentidos, valiéndome del “agere contra”. Contrariarme en todo, humillarme siempre más y más al descubrir mi poco amor a Jesús.

¡Vivir sólo para El

Retiro de octubre de 1934

Oh muerte, yo te deseo a veces y ahora… sí, sí, te deseo más. ¿Que­rría yo que llegaras a mí en este instante? ¿De veras, sin pasión, sin ficción, viendo la realidad… ?

Oh muerte, yo te amo… mas no hay que engañarse; ya que mi Di­vino Esposo me espera, quitaré obstáculos, romperé diques y muriendo a mí misma. Este mes seré: muy dulce, muy amable. ¡Dulzura, dulzura! Toda para todas (a mi pesar) soy tan egoísta.

Con mi superiora seré la misma cosa; estaré siempre de su parte, más, teniendo que desempeñar el cargo que tengo; debo ser otra SU REVERENCIA.

Quitaré todo prejuicio acerca de mi deber y obraré con sincera liber­tad, sólo por agradar a mi Dios.

Observancia, observancia; exigirla, “pero muy mucho” exigírmela.

La rectitud de intención me rija este mes.

Saber prescindir de mí misma y en lugar, adaptar en mí a Cristo. (Es­tudiarlo e imitarlo).

Si llego a morir a la naturaleza, con qué paz recibiré la muerte. Se­ñor, si yo no muero, matadme vos, pues lo podéis.

Evitaré toda murmuración.

Madre mía, ayudadme a dar buena cuenta de estos mis propósitos.

Retiro de1934

Este año, el 34 de mi vida, yo, igual; si no fuera esposa de Cristo, tal vez me impacientara, pero no puedo y no hay que perder tiempo; debo correr, volar en el campo de la perfección, esperando contra toda esperanza.

Este mes me propongo no decir a nadie nada que pudiera herir la caridad respecto a las demás… ¿Qué más da que se crea de mí esto o aque­llo? Si todas las criaturas estuvieren en mi contra, no por eso seré mejor o peor, pues no me pueden quitar ni dar nada más que un medio de morir de mi misma.

Creo que el cumplimiento de mi deber dará en cara a todo esto y hará que lo aproveche en lugar de inquietarme. ¡Animo! todo por El, sin detener­me en los medios, sino correr para alcanzar el fin.

Retiro de Diciembre de 1934

La idea de Ma. Teresa de Alós, reparadora, alienta y forma en estos momentos en mi espíritu, sus mismos propósitos: “VIVIR A DOS”; en esa co­mo obsesión divina, en ese “te amo” mil veces repetido, y sobre esto: con la ayuda de Dios, me propongo de ENERO A ENERO, el amor vivido de la mañana a la noche, y de la noche a la mañana. ¡Muy intenso!

He visto que este año pasado fue pura misericordia de parte de Jesús, y también me he persuadido de que nobleza obliga, por lo cual, mis pro­pósitos sean los siguientes:

lo.- SILENCIO A LA NATURALEZA que implica total olvido de mí mis­ma, así en lo interior como en lo exterior. .. trocándome en Jesús.

2º. Dulzura para con Dios, para con las criaturas, para conmigo misma.

Para con Dios, un sí pleno y formal, absoluto e irrevocable, pero más que todo, amoroso y filial a todo lo que sea disposición de Dios.

Para con el prójimo viendo en él un reflejo o semejanza del mismo Dios, ser con él dulcísima, en toda la acepción de la palabra; dar como dice Ma. Teresa de Alós, dar lo único que he recibido: misericordia; vivir de mise­ricordia y darla a todos y por todos motivos.

Para conmigo misma, sí, cuánto lo necesito; darme a saber, darme la dulzura de Jesús mismo por el renunciamiento espontáneo de todo lo que no sea El; dulzura, dulzura y dulzura, renunciándome.

3º.- Desempeño del cargo que Jesús me dio, a “LO JESUS”. El, en Nazaret, el primero, siempre quiso ser el último, y con qué dulzura, en cuan­to a las hermanas, y sobre todo en cuanto a las relaciones con mi Superiora.

Retiro de enero de 1935

Primero del año… un impulso interior me invita a hacer en él un propósito muy decidido que arranque el yo a esta alma que sólo a Dios per­tenece. Este propósito es: No tener en cuenta mi insignificante personilla, per­suadida de que ella es un obstáculo para que Dios me posea plenamente; pasar inadvertida a mis propios ojos, y no dar oídos a lo que me duela o toque de algún modo el yo, especialmente en lo que se relaciona con (sig­no ininteligible) y… (otro signo) ¡Morir al yo!

Retiro de Febrero de 1935

Amar igualmente a todas, particularmente a aquellas de mís herma­nas de quien hubiere recibido algún disgusto.

No olvidar que: quien tiene a Dios en sí, sólo tiene dulzura para los demás.

Dulzura… Vida interior… Santo Silencio. Sobre todo, ser reser­vada en lo tocante a las demás. ¡Ser silenciosa!

Si alguna vez he tenido algo qué sentir de alguna hermana, olvidar­lo, olvidarlo, olvidarlo. Se necesita siempre perdonar y olvidar.

Siempre encontrar en mí, razón para ser humillada.                    Este día me he preguntado durante todo él y con alguna frecuencia: ¿por qué tanto miedo a las humillaciones? y contestado yo misma a la luz de Dios: me he olvidado de que en mi interior está Dios…! Si su presencia me embargara, ¿qué me importaría todo lo demás?

Propósito:-Lo más frecuentemente volveré a mi interior y pediré aque­llo que más falta me haga, teniendo muy en cuenta la humildad.

Retiro de septiembre de 1935

Ser santa es el ideal de la buena superiora, ser santa para que su comunidad lo sea.

Mi propósito será: SER ESTRICTA CONMIGO MISMA EN LA OBSER­VANCIA, teniendo en cuenta que Jesús me pide su fiel imitación para que todas lo adivinen a través de mi (1).

Retiro de octubre de 1935

He temblado ante lo mucho que he faltado a los deberes de buena superiora. He visto que para serio, se necesita morir.

Retiro de Noviembre de 1935

1º.- Regularidad aun a costa de grandes sacrificios,

2o.- Exactitud A LO JESUS

3º.- Sostener esto en las demás de este modo: “fuerte en  el fondo, suave en la forma”.

(1)                          Durante esta época fungía como Superiora del Segundo Monasterio de Guadalajara. Fue electa el 21 de Junio de 1935. Entre todos sus escritos esta es la primera vez que se refiere a su cargo.

Ejercicios Espirituales en Septiembre de 1936

Preparación.- Estado de ánimo:

a) Muy grande ánimo

b) Deseo ardiente

c) Sed de Dios

d)  Resuelta a dar a Dios lo que por todos motivos le pertenece, espera de mí y me pide.

f)  Avidez de lo que se expone.

, g) Atención delicada, renunciamiento  a mi  naturaleza; y

h) Mirada sencilla

Única, agradar a Dios, conocer su Santísima Voluntad sobre mi, para cumplirla con gozo y prontitud.

(Sigue luego la exposición de pláticas y meditaciones según el mé­todo de San Ignacio de Loyola. En cada frase, en cada pensamiento, es no­table el enfoque dado a su vida de adoratriz, y al ideal de santidad que llena su vida. Como ejemplo, y en gracia de la brevedad, transcribimos la última meditación de estos Ejercicios).

Cristo ha resucitado…Día de gozo… Yo resucitaré con El si fiel a mis propósitos que al fin de mis ejercicios formularé, le sigo.

He visto también en la Resurrección una ventaja    cumbre para mí co­mo Adoratriz, y es que, resucitando El, la Eucaristía es para mí lo que es!

Adoro en ella el Cuerpo latente, Divino y Humano de Cristo, pues completó este misterio con su Gloriosa Resurrección.

Adoratriz, levanta tu espíritu y contempla en el triunfo a Jesús, tu propio triunfo. .. y aprovéchalo.

A Cristo resucitado diré una y mil veces: “Confirma hoc Deus quod operatus est in nobis”.

Retiro de Septiembre de 1938

1º.- –   1 o.-No dejaré mi Comunión por nada de esta vida; buscaré el me­dio de no omitirla por la enfermedad, mientras pueda.

2º.- Seguiré la observancia del horario exactamente, cuestelo que cueste.

3º.-  Me renovaré en todo, en el espíritu de mi santa  orden.

4º-. Con este mismo espíritu perfeccionaré el momento presente.

5º-. Conservaré la paz de mi alma ante todo, y para esto, silencio.

(Al pie de estos propósitos, y como escrito en fecha distinta, apare­ce una sola palabra que es el mejor testimonio de la vida edificante de la Madre. En tinta de otro color, más desleída: CUMPLIDO)

Retiro de octubre de 1938

.

Tengo muchos puntos que remover. Con la gracia de Dios espero tra­bajar en todos ellos.

1º.- En cuanto a la santa adoración, renovarme en todos sus por­menores: fervor, deseo, etc.

2º.- 0ficio Divino. Obligarme a asistir a coro, aún sacrificándome. Cuando no pueda menos, suplir con el Santo Rosario.

3º.- No omitir ni una Comunión. Jamás.

4º.- Proceder en igual forma respecto a la meditación.

5º.- Tener algunas normas para los días de confesión. Nunca me en­cuentre impreparada su aviso.

6º.- Al advertir la voluntad de Dios en alguna cosa, hacerla cues­te lo que cueste.

7º.- Respecto a obediencia, lo veré todo venido del mismo Dios, y jamás me permitiré murmurar de ella ni interiormente, teniendo en mi obe­diencia el solo fin del amor de Dios.

8º.- Tener presente le observancia de enmendar mis faltas con una pronta penitencia, pidiéndola a mi Superiora con humildad.

9º.- En cuanto a la pobreza, en el espíritu estaré pronta a cortar toda afición terreno que pudiera brotar en mi corazón, y en cuanto a lo ma­terial, también, dispuesta a cualquier señal de la Superiora a dejar lo que se me indique con gusto e indiferencia.

10º.- Para permanecer siempre HUERTO CERRADO en el que sólo Je­sús tenga entrada, por ser puro, me cuidaré especialmente de leer nada que encuentre al acaso, como periódicos, folletos, revistas, etc., pues Jesús es celosísimo de mi pureza; también me cuidaré de pronunciar y aun de dar oí­dos a conversaciones ligeras y palabras menos correctas.

11º.- Cuando por alguna hermana sienta natural repulsión, la aho­garé inmediatamente y me impondré el deber de darle en la primera ocasión una amable y sincera sonrisa y le prestaré algún servicio.

12º.- 5i por el contrario, le siento particular afecto, vigilaré atenta­mente, pues mi corazón sólo a Jesús pertenece.

13º.- Me obligaré a tener un ratito diario dedicado sólo a mi alma, pidiéndome cuenta de cómo estoy en estos puntos.

El Director Espiritual

En la historia espiritual de toda alma, hay de por medio otra alma que sirve de guía, de maestra, muchas veces de compañera, en la ascensión maravillosa a las cumbres de la santidad.

Como el platero que pule y forja su obra conforme a aquella idea concebida con anticipación, el director espiritual pule en el alma puesta a su cuidado, la idea por excelencia, la Imagen sublime, el Ser sin limitaciones que existiendo desde todos los tiempos, se ofrece a nuestra miseria como el anhelo supremo a que podemos tender.

Y el labrador que trabaja la tierra con tesón amoroso, que desgarra los terrones, para depositar en ellos la semilla fecunda, que arranca las hierbas dañinas, y sigue con materna1 anhelo el desarrollo de la débil plantita que un día se habrá de coronar de frutos, no es menos semejante al director de almas en su tarea grandiosa.

Orfebre que talla la imagen de Dios, labrador que hace germinar la semilla del amor, alfarero que modela una armonía de virtudes, artista afanoso en la búsqueda de la belleza por excelencia, todo eso y más, es para las almas el Director Espiritual.

Y la enumeración de los grandes santos de la Iglesia, lleva consigo también la enumeración de aquellos ocultos forjadores que supieron guiar a sus dirigidos hasta los linderos de esa inmarcesible bienaventuranza en que se resume toda santidad.

Ya leemos en las vidas de los santos cómo en muchas ocasiones una alma tuvo que estancarse en su vida espiritual debido a la inadecuada dirección de hombres menos prepa­rados para el caso, así como por el contrario, el impulso ve­loz que otras recibieron bajo la guía de hombres santos, sa­bios y prudentes.

Es obvio que para dirigir un alma por los caminos de la santidad, se necesita poseer esa misma santidad de la cual se va a dar cátedra. Para encender en el dirigido el amor so­bre todo amor, es preciso estar quemado de ese mismo amor. El artista que modela una obra de arte, tiene antes, dentro de sí, la plenitud de aquella obra concebida y acabada en sus más mínimos detalles.

Pero si esto quisiera decir que el Director Espiritual de­bería ser más perfecto que aquella alma confiada a su direc­ción, tendríamos que haber visto en la lista de los santos, an­tes que al mismo dirigido, a quien lo llevó a esas alturas. No sucede así y muy bien puede acontecer que un alma per­fecta sea guiada hacia una mayor perfección, por otra in­mensamente menos perfecta.

La razón de estas cosas, no puede menos que hacernos temblar ante un misterio tan común que no por eso deja de tocar los límites de lo sobrenatural. Nada es el que siembra ni el que riega, dirá San Pablo, sino Dios que da crecimien­to a la planta.

Ahí está la razón de todo. Esa es la clave. La santidad es un don que Dios da a quien se hace merecedor de él. Eso es todo. El instrumento por quien ha de alcanzarse esa per­fección es cosa secundaria. Vale la gavilla por las espigas, antes que por la lía que las ata.

En la vida de la Madre María de San José habremos de encontrar la mano del Director Espiritual que va guiando paso a paso su alma a planos más elevados.

El es el artista que juega con el barro de aquella alma dócil. Es el sembrador que día a día lleva a aquella fértil al-

ma la lluvia de nuevos amaneceres; es el forjador ,de aquella despreciada, e incomprendido alma que, bajo la franca re­pulsión de toda su comunidad, encerraba un tesoro sublime de virtudes.

En los primeros diez o quince años de su vida de reli­-giosa, la Madre de San José Servín, se acogió a la dirección espiritual del entonces Padre Javier Nuño, hoy Obispo de Zacatecas. Sólo por excepción encontraremos el nombre de otro sacerdote.

Habremos de encontrar -y ello no nos sorprenderá- un estrechamiento de la Madre con su Director Espiritual; habrá expresiones que a oídos humanos, suenen como si fueran sim­ples amoríos. Hay que pensar antes que nada en el espíritu so­brenatural de este trato, y en lo que lógicamente debe signi­ficar para una alma, .1a intervención de aquel que plasma en nosotros la figura de Cristo.

A fin de conservar el orden trazado en esta obra, trans­cribiremos luego las anotaciones espirituales que sobre este as­pecto, corresponden a la primera etapa de la vida religiosa de la Madre María de San José.

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One comment

  1. […] Anotaciones Espirituales […]



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